martes, 29 de mayo de 2018

No es por alardear,
es por avisar.
Ojalá me gustara que sea así,
pero ni siquiera escuchas.
El verdadero poder está en no ejercerlo.
Que se que sí podría, que si quisiera
te internaría, y te condenaría
a una paranoia
de una locura
de la cual no vas a poder salir,
nunca más.
Tal cual,
como yo.
Te haría conocerme un poco más,
y así entender quién soy.

viernes, 18 de mayo de 2018

Momentos de ausencia en los que me das qué pensar.
Recuerdo el recuerdo y me doy cuenta que no lo supero.
Cambio de acciones y hasta de pensamientos,
pero el recuerdo siempre está ahí.

Siento,
me siento
y escribo
acerca de algo que no comprendo todavía.

Analizo cada situación,
llego a mil cuarenta y ocho conclusiones,
las cuento.
Me gusta tener todo archivado en mi cabeza.
Me gustan los números.
Lo sabes.

Te analizo y sobre-analizo,
y tal vez ese llega a ser mi problema.
Llego a la conclusión más sensata.
Pero mi lucha con la paranoia no termina.

Quedan mil cuarenta y siete conclusiones que analizar.

sábado, 12 de mayo de 2018

Te llevaría a recorrer La Habana,
te llevaría a sus eternas librerias
y a la casa del chocolate.

Te haría caminar por el malecón,
de punta a punta,
agarrados de la mano.

Te haría viajar en Coco Taxi,
ir a las ferias
y al museo de arte cubano.

Te llevaría a conocer a mi familia,
y te haría bailar salsa
aunque me digas que no sabes bailar.

Te llevaría a recorrer La Habana,
y te diría
que te quiero tanto como a ella.

viernes, 11 de mayo de 2018

El primer desamor real es el que cuesta más caro.
Ese que te hace dar cuenta que el pasado te salió barato, no era así, no se sentía tanto como ahora.
Ahora está acá, y da igual con qué tanto intentes taparlo, no se va. No te queda otra que sentirlo, porque intentar escapar lo hace peor.
Y ahí te olvidas de la definición de efímero. Sabías que era así.
Querías que se quede un ratito más, dos minutos, en los que te puedas hacer creer a vos misma que el tiempo no existe, y que es eterno. Un ratito más en el que guardes todo. Su tacto, su boca, su beso, su voz, sus manos, su pelo, sus ojos, su mirada (hacia vos), sus palabras, sus pensamientos, sus principios, sus defectos y sus virtudes.
Y recordas,
y reproducis esa memoria en tu cabeza una vez,
y otra,
   y otra,
      y otra,
         y otra más.
Y lloras, al instante en el que te das cuenta que no vas a volver a sentirte tan en paz como con su presencia. Aunque eso implicara escuchar su voz diciendo cosas sin sentido, inconscientes, esas que para vos siempre fueron un gran defecto en el resto, pero a ella, a ella la hacen ella, y vos la queres de esa manera. Y así es como te das cuenta que amas. Te gusta disfrutar hasta de sus más extremos defectos, aunque te duelan, o no los entiendas.
Y pasan minutos, y horas, y días, y semanas. Y no entendes cómo vivís. Ahí comprendiste la definición de "muerto vivo". Eso sos. No vivís, matas el tiempo. Estas, y nada más. Porque no te queda otra, porque tu cabeza está en un coma profundo en el que no puede parar de escuchar otra cosa, que no sea el recuerdo de su risa.
Extrañas el color de su voz, y sus ojos mirándote al hablarte, la ternura que salía de sus ojos, y el brillo. Nadie te va a querer de esa manera, te miraba como siempre quisiste que te miren. O eso mismo te hacía creer, y era hermoso. Era la burbujita para escapar de la realidad más perfecta que te hubieses imaginado, y que al mismo tiempo de hacía tener los pies en la tierra.
Era una bocanada de aire fresco después de estar una hora tres metros bajo el agua salada.
Y te pones a pensar, porque estando con vos misma no tenes otra cosa que hacer, ya que la burbujita no está más. Eso te lleva a querer relacionar este sufrimiento con el pasado, tratar de encontrar cuándo una ausencia te pesó tanto, tratar de encontrar cuando pasaste por esto para poder encontrar la solución. Y no la hay, no está ahí. Es la primera vez, y es la peor. Pensas en todas esas personas por las que en su momento pensaste que sin ellas no podías vivir, y cómo lo superaste cinco minutos después. Volves al presente y contas. Contas los minutos, las horas, los días, y las cuales se multiplicaron, ya no son lo que eran. Los segundos pesan como minutos, los minutos como horas, las horas como días, y los días como meses. No entendes el tiempo, y cada vez cuesta más.
¿No era que el tiempo sanaba heridas? Ya te empezas a sentir como si tu vida hasta ahora hubiese sido esto. No recordas la felicidad, la ves tan lejana, como si los recuerdos vividos fuesen una pelicula que ves una y otra vez, soñando que algún día te pase.
Empezas a creer que no fue real, buscando indicios en todos los momentos, algún puto indicio que no hayas visto que te diga "esto iba a pasar". Y no está, revisas, pensas, repensas, trabajas la cabeza hasta el agotamiento pensando en que tiene que estar ahí. Y no está, y eso te pone peor.
No vas a mejorar nunca. Tal vez sos consciente de que en un tiempo, largo, ya no va a ser como ahora, pero tenes muy en cuenta que el dolor siempre va a estar ahí, pero cuando una se acostumbra al dolor, ya no es tan grave.
Ya no te haces esa promesa de siempre de no volverte a enamorar, eso era chamuyo, antes no te habías enamorado, no era amor si sabías que lo podías llegar a sentir otra vez. Esta vez sabes que no te vas a volver a enamorar, porque es esto y nada más, nadie te va a hacer sentir la paz y la calma tal cual como lo hacía ella. Y posiblemente ser consciente de ese hecho duela más.
Sabes que la vas a buscar en otras personas, es más, ya lo haces. A veces te encontras con alguien, con su misma ropa, o modos parecidos, o con la misma banda favorita, y te volves a sentir un poco en casa, imaginando que es ella, un ratito, porque sabes que no lo es, y que nunca va a ser suficiente.
El primer desamor real es el que cuesta más caro.

jueves, 10 de mayo de 2018

Absolutamente todo va más allá de lo que nosotros podemos percibir.
Idiotas, eso somos, algunes mas, algunes menos. Al fin y al cabo es real que usamos solo el 10% del cerebro, o menos. No somos capaces de percibir tantas cosas. No somos capaces ni de tener empatía hacia alguien que pasa lo mismo que nosotros. El egoísmo es gigantezco.

¿Y si la ilusión es real?

Tal vez creamos todo lo que vemos.
Qué mente de mierda tenemos entonces.

Imaginate ser tan consciente de todo que podes pensar y crear, y no en lo material.
Imaginate que haya consciencia.
Imaginate a la oscuridad.

A veces creo que el negro es más puro que el blanco. No hay principio ni final.

Imaginate aprender a usar tu propio cuerpo. Imaginate darte cuenta que hoy en día no sos capaz.
Imaginate hacerte consciente de tu propia inconsciencia.

Tal vez lo que ves vos no es lo que veo yo.
Y de eso se trata,

¿no?

No existe la verdad absoluta.
Qué imbécil puede llegar a ser el ser humano que cree que sí la hay.

No es tirarse al precipicio,
es vivir en el.

El día que ames tu oscuridad va a ser el día que conozcas tu claridad.

Acordate,
que nada es real.
Eso que sentís, y eso que ves, es tu invento y es tu cabeza.
No existe la contradicción.
Somos mil mundos en uno.

Tenemos más poder de lo que creemos, y no nos hacemos cargo.
Así llega la destrucción, y todo lo que pensas odiar.
Como si la paz y la guerra no fuesen invento tuyo.
Hacete creer que no existen, y no existirán.

Está
todo
en tu
cabeza.


viernes, 4 de mayo de 2018

Maldigo el día en el que la poesía y la melancolía se apoderadon de mi.
Maldigo el día en el que me dieron talento, y belleza.
Maldigo el día en el que me dieron poder.
Maldigo mi fecha de nacimiento.
Maldigo el día en el que aprendí a vivir como un muerto vivo.
Maldigo el día en el que aprendí a fingir.
Maldigo el día en el que me enseñaron a ver más allá de todo,
y cuestionar,
porque ahora ya no sé qué es real.
Maldigo el día en el que una sola persona me hizo sentir viva.
Maldigo mi dependencia.
Maldigo el día en el que ya no pude escribir sin ingresarlo en algún verso.
Maldigo cada día en el que recuerdo que tengo sentimientos,
también los días en los que no.
Maldigo el día en el que mi cabeza se programó en palabras.
Maldigo el día en el que me convertí en un robot poeta.
Maldigo las heridas,
y la cura,
y el remedio,
y a vos,
porque ninguno existe.
Maldigo el día en el que mentí y me creyeron,
y el día en el que me mintieron y creí.
Maldigo la confianza.
Maldigo la (in)existencia de todo.
Maldigo que mi capacidad en esto me inhabilite en aquello. Y si fuese viceversa, también.
Maldigo el día en el que me criaron para quererlo todo,
y me hicieron creer que podía.
Maldigo la espera.
Maldigo las huidas.
Maldigo la razón.

A veces cambiaría todo esto por un poco de cordura.

jueves, 3 de mayo de 2018

Parame un toque el tiempo, y dejame pensar, que todavía no sé si haría todo esto si no sintiera tantas presiones en la espalda, o si es el miedo por sentir que me armaste para romperme todas las veces que te diera la gana.

¿Me romperías una vez más?

Te vas, y comienza la hecatombe. Destruyo toda mi ciudad basada en pensamientos y ficciones. Fantaseo y hasta llego a la paranoia. Desde chica me costó entender qué era verdad y qué era mentira, te lo conté, y jugaste a hacerme dudar más. Más de una vez me dijeron, que la realidad es virtual, que está tan bien construida, porque la hacemos nosotros, somos lo que pensamos y en eso nos convertimos. Intente pensar diferente. Para qué. Frustración.
Te vas, y comienza la catástrofe. Tenes que dejarme más tiempo sola para que pueda llegar a mi momento de paz. A veces me pregunto si ese momento de paz podría llamarse muerte. No sé. En realidad no estoy segura ni de qué sos vos, así es como me doy cuenta de que no puedo estar segura de qué provocas. O si.
Te vas, y comienza la desgracia. Pensar. Pienso tanto, y llego a tantas conclusiones, que ya no tengo idea ni de quién soy yo, tampoco sé si alguna vez lo supe, o si lo sabré. Si me hago bien, si me hago mal. Si es producto tuyo, si es producto mio, si tenía que ser así y yo no sé hacer otra cosa que aferrarme a lo que no tiene que ser. Tal vez no rendirse termina siendo defecto más que virtud. Tal vez lo que pensaba que era virtud ahora es defecto, y viceversa. Tal vez. No sé.

Y fallé otra vez
pero ya no pido perdón
si ya es costumbre sentirme una derrota
y al segundo siguiente un ganador.
No te dejo sola,
te dejo con vos misma
para que no me extrañes
y entiendas que sin mi sos mejor.
Ya deberías haber entendido
que más que soluciones
traigo problemas
porque siempre algo pasa conmigo.
Disfruto tanto mi soledad
que por momentos es como si no existiera
¿Es mi existencia real si nadie me ve?
Aunque me sientas
tené en cuenta que soy pura ilusion.
Y así es como siempre me describí
la fantasía del principio
que te hace creer en el paraíso
que te hace creer que la busqueda terminó
la calma antes de la muerte
unas vacaciones de tres semanas
esas de las que mientras duran
no te acordas que tenes vida
y una realidad
y no te sale pensar en nada
que no sea el sol en tu cara
y el olor a agua salada,
hasta que ves qué fecha es.
Es hora de volver a casa.

Y es eso,
no soy hogar
de nadie, ni tuyo.