Te vas, y comienza la hecatombe. Destruyo toda mi ciudad basada en pensamientos y ficciones. Fantaseo y hasta llego a la paranoia. Desde chica me costó entender qué era verdad y qué era mentira, te lo conté, y jugaste a hacerme dudar más. Más de una vez me dijeron, que la realidad es virtual, que está tan bien construida, porque la hacemos nosotros, somos lo que pensamos y en eso nos convertimos. Intente pensar diferente. Para qué. Frustración.
Te vas, y comienza la catástrofe. Tenes que dejarme más tiempo sola para que pueda llegar a mi momento de paz. A veces me pregunto si ese momento de paz podría llamarse muerte. No sé. En realidad no estoy segura ni de qué sos vos, así es como me doy cuenta de que no puedo estar segura de qué provocas. O si.
Te vas, y comienza la desgracia. Pensar. Pienso tanto, y llego a tantas conclusiones, que ya no tengo idea ni de quién soy yo, tampoco sé si alguna vez lo supe, o si lo sabré. Si me hago bien, si me hago mal. Si es producto tuyo, si es producto mio, si tenía que ser así y yo no sé hacer otra cosa que aferrarme a lo que no tiene que ser. Tal vez no rendirse termina siendo defecto más que virtud. Tal vez lo que pensaba que era virtud ahora es defecto, y viceversa. Tal vez. No sé.
jueves, 3 de mayo de 2018
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