Maldigo el día en el que la poesía y la melancolía se apoderadon de mi.
Maldigo el día en el que me dieron talento, y belleza.
Maldigo el día en el que me dieron poder.
Maldigo mi fecha de nacimiento.
Maldigo el día en el que aprendí a vivir como un muerto vivo.
Maldigo el día en el que aprendí a fingir.
Maldigo el día en el que me enseñaron a ver más allá de todo,
y cuestionar,
porque ahora ya no sé qué es real.
Maldigo el día en el que una sola persona me hizo sentir viva.
Maldigo mi dependencia.
Maldigo el día en el que ya no pude escribir sin ingresarlo en algún verso.
Maldigo cada día en el que recuerdo que tengo sentimientos,
también los días en los que no.
Maldigo el día en el que mi cabeza se programó en palabras.
Maldigo el día en el que me convertí en un robot poeta.
Maldigo las heridas,
y la cura,
y el remedio,
y a vos,
porque ninguno existe.
Maldigo el día en el que mentí y me creyeron,
y el día en el que me mintieron y creí.
Maldigo la confianza.
Maldigo la (in)existencia de todo.
Maldigo que mi capacidad en esto me inhabilite en aquello. Y si fuese viceversa, también.
Maldigo el día en el que me criaron para quererlo todo,
y me hicieron creer que podía.
Maldigo la espera.
Maldigo las huidas.
Maldigo la razón.
A veces cambiaría todo esto por un poco de cordura.
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