El primer desamor real es el que cuesta más caro.
Ese que te hace dar cuenta que el pasado te salió barato, no era así, no se sentía tanto como ahora.
Ahora está acá, y da igual con qué tanto intentes taparlo, no se va. No te queda otra que sentirlo, porque intentar escapar lo hace peor.
Y ahí te olvidas de la definición de efímero. Sabías que era así.
Querías que se quede un ratito más, dos minutos, en los que te puedas hacer creer a vos misma que el tiempo no existe, y que es eterno. Un ratito más en el que guardes todo. Su tacto, su boca, su beso, su voz, sus manos, su pelo, sus ojos, su mirada (hacia vos), sus palabras, sus pensamientos, sus principios, sus defectos y sus virtudes.
Y recordas,
y reproducis esa memoria en tu cabeza una vez,
y otra,
y otra,
y otra,
y otra más.
Y lloras, al instante en el que te das cuenta que no vas a volver a sentirte tan en paz como con su presencia. Aunque eso implicara escuchar su voz diciendo cosas sin sentido, inconscientes, esas que para vos siempre fueron un gran defecto en el resto, pero a ella, a ella la hacen ella, y vos la queres de esa manera. Y así es como te das cuenta que amas. Te gusta disfrutar hasta de sus más extremos defectos, aunque te duelan, o no los entiendas.
Y pasan minutos, y horas, y días, y semanas. Y no entendes cómo vivís. Ahí comprendiste la definición de "muerto vivo". Eso sos. No vivís, matas el tiempo. Estas, y nada más. Porque no te queda otra, porque tu cabeza está en un coma profundo en el que no puede parar de escuchar otra cosa, que no sea el recuerdo de su risa.
Extrañas el color de su voz, y sus ojos mirándote al hablarte, la ternura que salía de sus ojos, y el brillo. Nadie te va a querer de esa manera, te miraba como siempre quisiste que te miren. O eso mismo te hacía creer, y era hermoso. Era la burbujita para escapar de la realidad más perfecta que te hubieses imaginado, y que al mismo tiempo de hacía tener los pies en la tierra.
Era una bocanada de aire fresco después de estar una hora tres metros bajo el agua salada.
Y te pones a pensar, porque estando con vos misma no tenes otra cosa que hacer, ya que la burbujita no está más. Eso te lleva a querer relacionar este sufrimiento con el pasado, tratar de encontrar cuándo una ausencia te pesó tanto, tratar de encontrar cuando pasaste por esto para poder encontrar la solución. Y no la hay, no está ahí. Es la primera vez, y es la peor. Pensas en todas esas personas por las que en su momento pensaste que sin ellas no podías vivir, y cómo lo superaste cinco minutos después. Volves al presente y contas. Contas los minutos, las horas, los días, y las cuales se multiplicaron, ya no son lo que eran. Los segundos pesan como minutos, los minutos como horas, las horas como días, y los días como meses. No entendes el tiempo, y cada vez cuesta más.
¿No era que el tiempo sanaba heridas? Ya te empezas a sentir como si tu vida hasta ahora hubiese sido esto. No recordas la felicidad, la ves tan lejana, como si los recuerdos vividos fuesen una pelicula que ves una y otra vez, soñando que algún día te pase.
Empezas a creer que no fue real, buscando indicios en todos los momentos, algún puto indicio que no hayas visto que te diga "esto iba a pasar". Y no está, revisas, pensas, repensas, trabajas la cabeza hasta el agotamiento pensando en que tiene que estar ahí. Y no está, y eso te pone peor.
No vas a mejorar nunca. Tal vez sos consciente de que en un tiempo, largo, ya no va a ser como ahora, pero tenes muy en cuenta que el dolor siempre va a estar ahí, pero cuando una se acostumbra al dolor, ya no es tan grave.
Ya no te haces esa promesa de siempre de no volverte a enamorar, eso era chamuyo, antes no te habías enamorado, no era amor si sabías que lo podías llegar a sentir otra vez. Esta vez sabes que no te vas a volver a enamorar, porque es esto y nada más, nadie te va a hacer sentir la paz y la calma tal cual como lo hacía ella. Y posiblemente ser consciente de ese hecho duela más.
Sabes que la vas a buscar en otras personas, es más, ya lo haces. A veces te encontras con alguien, con su misma ropa, o modos parecidos, o con la misma banda favorita, y te volves a sentir un poco en casa, imaginando que es ella, un ratito, porque sabes que no lo es, y que nunca va a ser suficiente.
El primer desamor real es el que cuesta más caro.
viernes, 11 de mayo de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario